martes, 8 de enero de 2008

TESTIMONIO DE DOÑA ESPERANZA PUENTE

Me llamo Mª Esperanza Puente, y sufrí un aborto provocado hace 12 años. No fui libre para tomar la decisión, me vi abocada al aborto por el abandono de mi pareja. Me encontré sola y asustada, no encontré ningún apoyo para seguir adelante con mi embarazo que era lo realmente quería. Lo único que me ofrecieron fue el aborto como algo sencillo, facil, indoloro para acabar con el problema. Pero la realidad que me encontré fué muy distinta.

Nací en un pueblo pequeño del interior de España, donde todos nos conocíamos, donde todo se sabía de todos. Las clases sociales estaban bien diferenciadas. Yo pertenecía a la clase media alta, por lo tanto los pecados provocaban más escándalo que los de la clase baja. Me quedé embarazada con 18 años y en aquella época te obligaban a casarte. Además los chicos cumplían con su obligación de responder con responsabilidad a las consecuencias de sus actos, sobre todo en este tema. En mi caso fui yo quien decidí no casarme y me marché del pueblo, el padre simplemente se sintió liberado y siguió con su vida.
Cuando di a luz, mi familia me obligó a volver al pueblo, y como no tenía recursos, volví. Durante 3 años me hicieron pasar un infierno, tanto mi familia como la gente del pueblo. Perdí mi derecho a hablar, a protestar o a tomar decisiones, no podía salir a la calle, ni con mi hijo ni sin mi hijo. Mi familia tenía un negocio y sólo iba del negocio a casa y viceversa. Me humillaban y me reprochaban mi decisión de no casarme y más aun haber decidido tener a mi hijo sola.

Llegó un momento que se abrió un abismo en mi interior lleno de oscuridad y desconsuelo, no podía soportar tanto desprecio y soledad, y decidí que no podía seguir viviendo así. Me llevaría a la tumba a mi hijo conmigo; dejarlo suponía condenarlo a una vida sin amor, por ser hijo de un error. Pero Dios tenía otros planes para nuestras vidas, especialmente para mí.

Por un milagro seguí adelante y un año después pude, con muchos problemas, salir de mi pueblo y me fuí a trabajar a Madrid. Meses después me llevé a mi hijo conmigo, porque bajo ninguna circunstancia queria dejalo en un lugar donde no le iban a permitir ni siquera ser persona.
Cuando llegé a Madrid, me sentí como un pajarillo escapado de su jaula, en un lugar donde la gente no se conocía ni se criticaba. Por fin podria tomar decisiones, hacer y deshacer sin estar pendiente del que dirán. Pensé que ya lo sabía todo y que a mí no me volvería a pasar. Eran los años noventa en España, la gente pensaba en todo tipo de libertades, sobre todo en hacer lo que me dé la gana sin pensar en las consecuencias. Empecé a salir con un chico en una de esas relaciones que tan de moda siguen: sin compromiso. Para mi sorpresa, me volvió a pasar, sólo que en este caso fue él quien no quiso saber nada, me recomendó que lo mejor era el aborto y desapareció.

Sola y sin el apoyo de NADIE, asustada y abandonada, no fui capaz de volver a enfrentarme a mi familia. Cuando me dijeron que estaba embarazada, la única información que encontré fue el teléfono del centro Dator de Madrid, uno de los centros que más abortos practicaban y practican en España. Por tanto tenían bastante experiencia de como prosperar el negocio, porque eso es lo que es, un NEGOCIO. La mujer es quien menos importa, ni lo que piensa ni lo que siente. Para estos negociantes lo lucrativo es hacer dinero a costa de la angustia y desamparo que sufrimoslas mujeres cuando entramos por la puerta de estos centros. Llamé por telefono y me dieron 24 horas para la intervención. En tan poco tiempo y bajo presión no sólo no fui libre para tomar la decisión, sino que entré como cordero al matadero.
Lo primero que hice nada más entrar es pagar y me convertí en un número para las estadísticas. Es decir, me convirtieron en "nada", mi condición de persona se vió reducida a la mínima expresión del ser humano. Me llevaron a una sala de espera donde el panorama que encontre fue devastador para mí. No era una sala de espera cualquiera donde los pacientes hablan entre ellos y se cuentan sus experiencias. En las salas de espera de los centros de abortos sólo hay tristeza, nadie habla con nadie, las mujeres lloramos sin lágrimas y gritamos sin voz.
Perdí la noción del espacio-tiempo y cada vez el abismo era más profundo, me pasaron a hacerme una ecografia, y el especialista no me dirigió la palabra. Y por supuesto, no me enseñó la pantalla de ecógrafo para que no pudiera ver a mi hijo.

Luego me pasaron a ver un psicólogo. Aunque la ley en España dice que debe ser un especialista psiquiatra ajeno al centro donde se va ha realizar la intervención, esto no ha sido nunca así y desde luego quien hace el informe trabaja en el centro de abortos y vive también del negocio. El psicólogo me entregó un documento que es el consentimiento informado que desde hace 21 años en España es ilegal e incompleto. Las mujeres tenemos derecho a que se nos informe en que consiste la intervención, las consecuencias físicas y psicológicas y a que se nos den alternativas. La entrevista duró aproximadamente 7 minutos, y me sorprendió que no se interesara en saber en qué condiciones me encontraba, es decir, si era soltera casada o que tipo de problemas tenía para encontrarme allí. Lo único que me dijo es: “No te preocupes, las consecuencias físicas que ponen en el documento nunca ocurren. Éste es un centro moderno con material y personal muy preparado y eso nuca pasa”. En aquel momento, yo hubiera firmado mi sentencia de muerte. Perdí la noción de mi realidad y como un robot seguí el siguiente proceso.

Me pasaron por un pasillo lleno de puertas y hoy comprendo porqué. Me hicieron entrar en un habitáculo donde sólo había espacio para una camilla y poco más, me mandaron desnudarme y me tumbé en la camilla. Entró el que iba ha realizar la intervención, no quiero llamarlos médicos porque me parece un insulto a la inteligencia. El señor en cuestión sólo me dijo "Si no te tranquilizas, vamos a estar aquí hasta mañana". Realizó la intervención y se marchó. Su ayudante recompuso el cuerpecito roto de mi hijo y sin ningún tipo de respeto o humanidad salió de la sala y me dejo allí a mi lado los restos de mi hijo. Creí morir, se me paralizó la sangre y empezó a faltarme el aire. Volvió a entrar, se llevó el recipiente como el que se lleva un saco de patatas, me mandó vestirme y salió. Como pude me vestí, me llevaron a otra sala, pues no hay interés en que las mujeres que están esperando vean en las condiciones en las que salen las demás. Me dieron una medicación y recomendaciones y a la calle. No se como llegué a mi casa, pero me pasé dos días llorando sin salir de la cama ni para comer ni para ir al baño.

El ser humano tiene la capacidad de seguir viviendo a pesar del sufrimiento y yo tenía que seguir con mi vida, pero ¡de qué forma! Tenía un niño pequeño que sacar adelante. Desde el primer momento sufrí el síndrome post-aborto, pasé años con angustia, depresión, sentimiento de culpa, autolesionándome. Me volví promiscua buscando con una necesidad ansiosa quedarme embarazada para reparar la pérdida de mi hijo. Y por la ira y violencia que genera el aborto acabe sacándola maltratando a mi primer hijo. Fue entonces, con una crisis de ansiedad aguda en grado máximo cuando fui consciente de que tenía un problema bastante serio y pedí ayuda psiquiátrica privada, porque en la Sanidad Pública me la negaron. Con la ayuda psiquiátrica pude comenzar a respirar sin dificultad, a descansar y a vivir, pero sobre todo pude empezar a mirar, besar y abrazar a mi hijo que durante algunos años se había quedado sin madre afectivamente hablando. Más tarde encontré el camino a Dios y experimenté el perdón de Jesucristo y así me curé de las dos heridas que provoca el aborto: la humana y la espiritual.

No se ha borrado de mi vida el haber participado en la pérdida de mi hijo, pero lo vivo con serenidad y esperanza, pues en el año 2000 un sacerdote me dijo que ese mal que yo había hecho iba a servir “para hacer mucho bien y el mundo me conocería por ello". Yo en mi interior me reí y pensé: “¿A quien le voy a contar yo esto? Este hombre está loco". Hasta ese momento nadie salvo el psiquiatra y yo conocíamos mi dolor y mi trauma.

En febrero del 2004 conocí la Asociación de Victimas del Aborto en España y me propusieron dar mi testimonio públicamente. El mundo me está conociendo por contar la verdad sobre el aborto; esa realidad para la mujer y cuantos intervienen en un aborto o IVE (Interrupción Violenta del Embarazo) y que tanto se empeñan los que viven del negocio en ocultar. Durante un año fui la Presidenta de esta asociación (AVA), y ahora me dedico profesionalmente a ser la Portavoz de la Fundación REDMADRE. Consiste en conseguir ayudas, informando y ofreciendo alternativas a la mujer ante un embarazo inesperado y en dificultad; porque no hay derecho a que en pleno siglo XXI las mujeres sigamos estando desamparadas ante un embarazo inesperado y solas y abandonadas después de un aborto provocado. YA BASTA.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé cuantas personas habrán leído esto, pero no puedo entender que nadie haya dejado un comentario... desde el 2008.
Esperanza me ha conmovido y emocionado tu historia.
No creo que haya una sola joven madre, que cuando aborta sea plenamente consciente de lo que está haciendo.
Cosa que no se puede decir de nuestros políticos, progres, cabestros,y demás promotores y participes del gran negocio que supone el aborto.

Todos ellos son prueba evidente de que el mal existe... como deben alegrar y hacer sonreír a satanás.

Al mal hay dos cosas que le molestan enormemente, una es la religión, especialmente la Católica, la otra la familia. El aborto no es sino un ataque más, acaso el más terrible, a ambas instituciones.

Evidentemente, no te dejaron ver la ecografía de tu hijo. Nueve de cada diez madres que si llegan a verla desisten de abortar, según Bernard Nathanson, autor de más de 75.000 abortos, entre ellos el de su propio hijo.

Esperanza, creo que no puedes dedicar tu vida a mejor empeño, a mi me gustaría hacer lo mismo, si no hago nada, voy a ser cómplice del mayor crimen perpetrado por el ser humano.
Un fuerte abrazo.

Joaquín.

Hernán Alonso dijo...

Hola Esperanza me gustaría contactar contigo para saber si es posible que vengas a dar tu testimonio a Orense.

Por favor mandame tu móvil al correo
unete@unetealavida.com
Hemos hecho una web con testimonios sobre el aborto para tener informacion visual y concienciar a la gente. www.unetealavida.com
Nos gustaría mucho que nos visitaras

Anónimo dijo...

Cuando yo tomé la decisión, había que ir al extranjero porque era ilegal. Estaba asustada y después del reconocimiento empece a tomar conciencia de que no se trataba de un apéndice que me sobraba, sino de que era mi hijo. Pero el mecanismo ya estaba en marcha y me dejé llevar sin reaccionar. Hoy más de 30 años después sigo llorando la pérdida de mi hijo.